Las dos tazas de café
Las dos tazas de café
Recuerdo las dos tazas encima de
la mesa de aquel vacío bar. Una de las tazas, estaba vacía, con sus paredes
manchadas de haber contenido café. Esa taza aún estaba caliente. La otra, llena
hasta el borde, con la espuma aún sin tocar, a punto de resobarse.
Yo, también vacía, miraba las dos
tazas y reflexionaba. Aquella taza que estaba vacía, me la acababa de tomar, ya
estaba en mí. Fijaba mi punto de atención en la taza vacía. Aparentemente, su
imagen es sucia. Una taza que tenía que ser lavada. Una taza que ya había sido
usada y contenía restos.
Pero yo es la que elegiría. Lo
haría así, porque además de tener ya en conocimiento lo que contenía, podía
volver a llenarla de lo que más me gustase. Aunque esto se manchara por el
contenido de lo anterior. Podría rellenarla de lo mismo si es que me gustó
mucho. O podría cambiar y añadir en ella algo en lo que deposite ilusión que
fuese a gustarme. También podría equivocarme y añadir algo horroroso al gusto. O
incluso dejarla vacía y sucia sin más utilidad
La otra taza en cambio, ya llena,
tendría que vaciarla si realmente quisiera introducir otro contenido. Ni si
quiera sé si realmente lo que contiene me gusta. No lo he probado, tengo la
incertidumbre.
Rápidamente pedí un papel y un
bolígrafo a la camarera. Necesitaba apuntar mi siguiente reflexión.
¿Qué taza elegirías? ¿Por qué no da tanto miedo vaciarnos por dentro?
Las vivencias, las experiencias y
los hechos son los que llegan a desbordarnos en la vida cotidiana. No debemos
temer a vaciarnos de todos ellos. A empezar de 0. A llenar nuestras vidas de lo
que creíamos imposible o de lo que no cumpliríamos como principios. Equivocarse
llena el alma. Cuando uno vacía esta alma tiene la esperanza y la oportunidad
de volver a llenarla. Esta vez de cosas que realmente queremos, de cosas que
llenan. Darse cuenta de un error es lo más bonito que puede pasarte en la vida,
porque en el momento que lo llamas ‘’error’’ no tendrás lugar ya a llamarlo
acierto.
Elijo la taza vacía porqué soy la
taza vacía. Elijo ir llenándome poco a poco con contenidos que me devuelvan las
ganas de vivir. Y si en un futuro, decido vaciar esta taza o ella sola se
desborda, mi interior estará manchado de estas vivencias que me ayudaran a
recordar.
Es el problema de vivir una vida
desbordante y sin opción a más. Que lo más seguro es que desbordes. Por eso,
antes de que llegue ese momento, es mejor tomarse el café a conciencia, alimentarse
de él. Y aunque no sea de tu gusto, no desaprovecharlo y dar lugar a que se
derrame.

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