Verdad absoluta 

Encontrarse con un libro es algo maravilloso. Pero reencontrarse transcurrido un tiempo, lo es aún más. Siempre que vuelvo a leer un libro me nutro de más detalles que la primera vez. 

Sobre todo si es un libro como Cuentos para pensar- Jorge Bucay. Esto es una especie de recomendación subliminal. 
Causalidad fue encontrarme con ese libro y que sus inicios hablasen sobre la verdad absoluta. 

Esa verdad, que todos creemos que es así al 100%. Y siendo muy sincera, yo he cambiado de verdad absoluta en ciertos momentos según han ido pasando los años. Nadie tenemos una verdad como cierta, sino un punto de vista. Según lo vivido así pensamos, así actuamos. Vamos convirtiéndonos poco a poco en personas más flexibles en cuanto a pensamiento cuantas más vivencias nos ocurren y cuanto más escuchamos las experiencias y pensamientos de los seres humanos. 

Mi intención es poner uno de esos pequeños cuentos que reúne para que descubrías que significado adquirís y que sentido le dais. Y si dentro de un tiempo os volvéis a encontrar con él, veréis como vuestra verdad absoluta ha cambiado y seguramente también os nutráis de otro significado. 

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizá donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta…

En un reino mágico donde las cosas no tangibles se vuelven concretas…

Había una vez…

… un estanque maravilloso 

Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente…

Hasta aquel estanque mágico y transparente se acercaron la tristeza y la furia para bañarse en mutua compañía.

Las dos se quitaron sus vestidos y, desnudas, entraron en el estanque. 
La furia, que tenía prisa (como siempre le ocurre a la furia), urgida – sin saber por qué-, se bañó rápidamente y, más rápidamente aún, salió del agua…
Pero la furia es ciega o, por lo menos, no distingue claramente la realidad. Asi que, desnuda apurada, se puso, al salir, el primer vestido que encontró…
Y sucedió que aquel vestido no era el suyo, era el de la tristeza…
Y así, vestida de tristeza, la furia se fue. 
Muy calmada, muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y, sin ninguna prisa- o, mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo-, con pereza y lentamente, salió del estanque. 

En la orilla se dio cuenta de que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo. Así que se 
puso la única ropa que habrá junto al estanque: el vestido de la furia. 


Cuentan que, desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada. Pero si nos concedemos tiempo para mirar bien, no damos cuenta de que esta furia que vemos es solo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad, está escondida la tristeza. 

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