Hacer camino, pero sabiendo dónde pisas
Hacer camino, pero sabiendo dónde
pisas
Hace pocos días realizaba una
ruta en Valverde de los Arroyos. Un camino precioso que daba a dos cascadas.
Pero que debido a las inclemencias meteorológicas, debías saber dónde posar
porque podías resbalar.
Los caminos en la vida son así.
Puedes encontrarte en el mejor y más bello de los caminos. Pero si no estás
atento dónde posas, puede convertirse en un infierno. Y no solamente dónde
pisas, sino con quién realizas ese camino. Con quién te cruzas en él. Esas personas
que te acompañan puedes convertirse en una ayuda o pueden hacer que se
conviertan en un hándicap y no avanzar.
En esta ruta también observaba
mis botas. Llevan acompañándome 8 años. Hace dos horas estaban completamente
limpias y ahora están llenas de barro y verdín. Esa sensación me encanta. Saber
que al llegar a casa las voy a dejar nuevamente impecables para volver a
mancharlas en la próxima aventura. En la vida me sucede algo similar. Cuando tengo
algún problema intento solucionarlo y sanarme rápido para así estar preparada
para el próximo que pueda llegar. Porque si los vamos dejando de lado, se
acumulan y la suciedad se va acumulando y ésta es más difícil de eliminar.
Los caminos, por tanto, da igual
como sean si al final te conducen a tu meta. La reflexión de hoy es: ¿Cuál de
los dos elijes?
- a. Camino embarrado y peligroso. Con unas vistas paradisiacas, olor a tierra mojada y sonido de pájaros
- b. Camino asfaltado y limpio. Con aspecto árido y desolador y con el sonido de las chicharras.
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